El tren bajo tierra
3 Febrero 2010 | Categorías: Tribuna de Opinión |
José Antonio Montilla Martos | Catedrático de Derecho Constitucional. UGR
El tren de alta velocidad parece un poco más cerca. Los 85 millones de euros para el tramo Pinos Puente-Granada, aprobados por el Consejo de Ministros, nos lo deja justo a la entrada de Granada. Esperemos que la Unión Temporal de Empresas encargada de la obra la ejecute con diligencia, no se produzca ningún percance y sea terminada en el tiempo previsto. Pero mientras cruzamos los dedos sería conveniente pensar en cómo va a llegar el tren hasta la estación de la Avenida de los Andaluces. En realidad hay dos alternativas: que entre completamente soterrado desde el inicio de la zona poblada, como en otras ciudades andaluzas, o que se mantenga la plataforma a cielo abierto, cerrada simplemente en los laterales, y, en consecuencia, creando un muro de separación en los barrios de Chana, Pajaritos o en el propio Camino de Ronda, como ocurre hoy con las vías. Esta segunda opción es más barata, y por ello puede tenerse la tentación de defenderla en tiempos de crisis. Sin embargo, sería un irreversible error histórico. No podemos perder la oportunidad de eliminar esa frontera que limita estos barrios de la ciudad. En realidad, la entrada del tren bajo tierra provocaría una transformación urbana como no se ha conocido en Granada desde hace decenios. Les propongo un ejercicio de imaginación: sitúense en el puente de Camino de Ronda que separa Pajaritos, Barrio de la Juventud y Chana e imagínense lo que ven sin que las vías corten el paso de un lado a otro sino con espacios verdes y equipamientos. Estamos ante una oportunidad histórica de rediseñar una parte de la ciudad, y no podemos desaprovecharla.
Igual que al Estado compete traer el AVE a Granada, al Ayuntamiento, en colaboración con las otras administraciones, le corresponde garantizar que transite bajo tierra, así como proyectar la utilización de los nuevos espacios que quedarán diáfanos cuando las vías estén bajo tierra. No puedo ocultarles que, a mi juicio, un proyecto de esta magnitud le viene grande al alcalde. Torres Hurtado es un político fajador, bueno en el cuerpo a cuerpo, que sabe ponerse de lado para que no le caigan encima las consecuencias de sus errores e incumplimientos, sea con los vuelos baratos o con el fútbol; sin embargo, a estas alturas sabemos que no es un político del que se pueda esperar un gran proyecto de diseño urbano, que cambie la fisonomía de la ciudad. Sin embargo, la ciudadanía de estos barrios debería hacer de esta cuestión una bandera irrenunciable pues afecta a su calidad de vida. Todos los que soportamos desde hace años las vías cercenando las entrañas de la ciudad deberíamos ser intransigentes en esta cuestión para que, por una vez, no se imponga la opción cutre.
Publicado en Granada Hoy. 3 febrero 2010




































