Moroso amor metropolitano
11 Junio 2009 | Categorías: Tribuna de Opinión |
José Antonio Aparicio – Secretario de Ciudades de la C.E.P.
A nadie se le escapa ni sin embozo sería capaz de negar a la capital su justo y su todavía más necesario papel en el conjunto del área metropolitana de Granada. No sólo tiene derecho innegable a formar parte, sino obligación incuestionable de liderarla, de ponerse por mil razones a su frente, que no a su mando, como cualquier hermano mayor y no como mayor hacendado cortijero. Valgan dos razones sumarias: aportar la mitad de la población y ostentar histórica y fácticamente papel de centralidad indiscutible, se mire por donde se mire.
Lo que pasa es que el derecho de estar no se ha ejercido por tal de no asumir la obligación de liderar, por lo que llevaría no sólo de aprovechar lo bueno, sino de compartir lo menos bueno. Es más, Torres Hurtado, alcalde de la capital desde hace 6 años, ha hecho justamente lo contrario: considerar al resto (31 municipios más) como una amenaza, como una molestia o como una carga. A lo que ahora llama desahogado y grácil cinturón hasta hace nada lo consideraba lazo de horca asfixiante. No hace mucho, por ejemplo, que se quejaba públicamente de que fueran los del resto, los catetos y de pueblo los llamaba él (mire usted la gracia de nominar a los demás con apodo genuino), quienes ensuciaban las calles de su ciudad (menos mal que no dijo que con sucias alpargatas), los que las taponaban con sus coches y los que hacían insuficiente y deficitario el transporte público urbano.
Eso de todas formas no eran más que declaraciones, que no tendrían mayor importancia que cualquier otro desboque verbal de los que comete en cuanto le dejan la lengua suelta, de no ser porque los hechos las confirman en exceso: desde el abandono de la Feria de Muestras y posterior consideración de la misma y su ampliación como una cosa de pueblo, hasta el mantenimiento impositivo del canon de sequía, a pesar de haber declarado que ya no usa los pozos, pasando por un sinfín más.
Valgan resumidamente éstos: la falta de interés por vitalizar el armazón básico del área metropolitana, no asistiendo ni una sola vez, y eso que es su vicepresidente, a ninguna de las sesiones de la comisión de seguimiento del POTAUG (Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración Urbana de Granada); las trabas y hasta el impago de sus cuotas de funcionamiento en el Consorcio Metropolitano de Transportes; el impago y ni siquiera la facilitación de las actuales licencias, para su estudio y ordenación, en el Instituto Metropolitano del Taxi; la imposición de tasas por servicios de su parque de bomberos al resto del área, que ya compensaba en el consorcio provincial, pero que debían parecerle poco; abonar en RESUR (consorcio para el tratamiento y reciclaje de residuos sólidos urbanos) las cuotas que proporcionalmente le corresponden en función de las toneladas que deposita.
Y estos otros: volver a participar en el mantenimiento de los vuelos baratos y en el patronato provincial de Turismo; dejar de tensionar, atosigar y utilizar en sentido contrario a la Orquesta, la Sierra y la Alhambra; dejar que funcione el Palacio de Congresos, al que no sólo le construye un aparcamiento al lado, sino que le quita el que le tenía arrendado y le reclama (se reclama a sí mismo como presidente) impuestos varios; hacer lo propio con el Parque de las Ciencias, al que, molesto porque en sus cuentas figuran como deuda las aportaciones del Ayuntamiento de la capital (cerca de un millón de euros), lo lleva a los tribunales de justicia para que aclare formalidades que si aplicara a sus organismos municipales habría que cerrarlos; y lo último: volver a utilizar políticamente a CajaGranada. Y porque no está en más sitios.
No es sin embargo de extrañar que, ganándose con esta sucinta retahíla no sólo la presencia sino el liderazgo estaba Torres, cuando se le ocurrió mandar cartas de broma. El primer día, antes de escribirlas ni de mandarlas ni de hablar siquiera con sus destinatarios, anunció en rueda de prensa que había pensado escribirles a 24 de los 31 alcaldes del área metropolitana (no se sabía entonces bien por qué a 24 y no a todos; hoy, al saber quiénes son los 24, sí se sabe por qué los otros 7 no) convocándoles a una reunión para hablar del Milenio (para lo que existe un consorcio en el que hablar, mojarse y decidir); del Metro, que tuvo que empezar por Maracena y Armilla hasta que a él, después de cuatro años de búsquedas por la nada, se le ocurrió que el que había suscrito Moratalla era el bueno y que podían comenzar las obras en la capital, que ya se encargaría de buscarle novedades para retrasarlas; y de la Vega, auténtico y por él mismo desenmascarado único fin al día siguiente: crear un frente (no se dice contra quién, pero se intuye) común para buscar el desarrollo sostenible –dice, queriendo seguramente ocultar que sostenido– de la Vega, para lo que está la comisión de seguimiento del POTAUG a la que no asiste y que sin embargo vicepreside.
Dejar sin una cartica siquiera a Alfacar, Cúllar Vega, Fuente Vaqueros, Güevejar, Pinos Puente, Víznar, Cijuela y Láchar debe tener algún sentido, aunque no se me ocurre más que uno: para tratar de repartir lo que Torres Hurtado quiere en su mayor porción (la Vega), cuantos menos mejor: los justos, y con Gargantúa a la cabeza, que para eso lleva seis años proponiendo mordiscos con distinto disfraz: el Ferial, el Campus de la Salud, la Universidad…
La verdad es que podría haber aprovechado las fiestas del Corpus para invitar en su caseta a los alcaldes del área metropolitana más convenientes para su engaño torero (los 24 elegidos) e incluso a los otros siete aparte, sólo para convidarlos y cubrir las apariencias, haciendo así de hermana mayor que lleva a los niños de columpios y cochecitos, en lugar de hacerlo como madrastra que los convoca para figurar en la quintilla más histriónica que daría lugar a la caroca más excelsa.
Pero bueno, estamos de Corpus y las bromas festeras son admisibles. Cuando pase y Torres Hurtado quiera, puede leerse algún buen manual de liderazgo y empezar a aplicárselo. Verá entonces que la primera premisa para liderar algo es formar parte sincera, es creérselo para ser creíble. Tajo tiene, que empiece por donde quiera.
Publicado en La Opinión de Granada. 11 junio de 2009




































